lunes, 11 de enero de 2016

Lazarus (David Bowie)



copyright María Isabel Barragán Espinar.


     No fue una premonición, sino la certeza de un hombre enfermo que se sabe en sus últimos días. Escuchar esta canción por primera vez precisamente en un día como hoy, es algo que sólo pasa una vez en la vida. En esta vida que por mucho que dure sólo habrá tenido a un David Bowie, tan arriesgado como certero, tan intrépido como trascendente, tan identificado con lo sublime como desconcertante en sus decisiones. Así se forjan los Héroes.

LAZARUS


Look up here, I'm in heaven  Mira aquí arriba, estoy en el Cielo
I've got scars that can't be seen  Tengo cicatrices que no pueden ser vistas
I've got drama, can't be stolen  Tengo dramas que no pueden ser robados
Everybody knows me now  Todos me conocen ahora
Look up here, man, I'm in danger  Mira aquí arriba, hombre, estoy en peligro
I've got nothing left to lose  No tengo nada más que perder
I'm so high it makes my brain whirl  Estoy tan alto que hace mi cerebro girar 
Dropped my cell phone down below  Dejé caer mi móvil abajo
Ain't that just like me?  ¿No es él igual que yo?
By the time I got to New York  Cuando llegué a Nueva York
I was living like a king  Estaba viviendo como un rey
Then I used up all my money  Luego empleé todo mi dinero
I was looking for your ash Estaba en busca de tu ceniza
This way or no way  Este camino, o no camino
You know, I'll be free  Ya sabes, seré libre
Just like that bluebird  Igual que ese pájaro azul
Now ain't that just like me?  Ahora, ¿no es él igual que yo?
Oh I'll be free  Oh, seré libre
Just like that bluebird  Igual que ese pájaro azul
Oh I'll be free  Oh, seré libre
Ain't that just like me? ¿No es él igual que yo?





vangelio según San Juan 11,1-45.
Estaba enfermo por este tiempo un hombre llamado Lázaro, vecino de Betania, patria de María y de Marta sus hermanas.
(Esta María es aquella misma que derramó sobre el Señor el perfume, y le limpió los pies con sus cabellos; de la cual era hermano el Lázaro que estaba enfermo).
Las hermanas, pues, enviaron a decirle: Señor, mira que aquel a quien amas está enfermo.
Oyendo Jesús el mensaje, les dijo: Esta enfermedad no es mortal, sino que está ordenada para gloria de Dios, con la mira de que por ella el Hijo de Dios sea glorificado.
Jesús tenía particular afecto a Marta y a su hermana María y a Lázaro.
Cuando oyó que éste estaba enfermo, se quedó aún dos días más en el mismo lugar.
Después de pasados estos, dijo a sus discípulos: Vamos otra vez a la Judea.
Le dijeron sus discípulos: Maestro, hace poco que los judíos querían apedrearte, y ¿quieres volver allá?
Jesús les respondió: Pues, ¿no son doce las horas del día? El que anda de día no tropieza, porque ve la luz de este mundo;  al contrario, quien anda de noche, tropieza, porque no tiene luz.
Así dijo, y les añadió después: Nuestro amigo Lázaro duerme; mas yo voy a despertarle del sueño.
A lo que dijeron sus discípulos: Señor, si duerme, sanará.
Más Jesús había hablado del sueño de la muerte; y ellos pensaban que hablaba del sueño natural.
Entonces les dijo Jesús claramente: Lázaro ha muerto;
y me alegro por vosotros de no haberme hallado allí, a fin de que creáis. Pero vamos a él.
Entonces Tomás, por otro nombre Dídimo, dijo a sus condiscípulos: Vamos también nosotros, y muramos con él.
Llegó, pues, Jesús y halló que hacía ya cuatro días que Lázaro estaba sepultado.
(Distaba Betania de Jerusalén como unos quince estadios).
Y habían ido muchos de los judíos a consolar a Marta y a María por la muerte de su hermano.
Marta, luego que oyó que Jesús venía, le salió a recibir; y María se quedó en casa.
Dijo, pues, Marta a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, no hubiera muerto mi hermano.
Aunque estoy persuadida de que ahora mismo te concederá Dios cualquiera cosa que le pidieres.
Le dijo Jesús: Tu hermano resucitará.
Le respondió Marta: Bien sé que resucitará en la resurrección universal, que será el último día.
Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida: Quien cree en mí, aunque hubiere muerto, vivirá;
y todo aquel que vive y cree en mí no morirá para siempre; ¿crees tú esto?
Le respondió: ¡Oh Señor!, sí que lo creo, y que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo, que has venido a este mundo.
Dicho esto, se fue, y llamó secretamente a María, su hermana, diciéndole: Está aquí el Maestro y te llama.
Apenas ella oyó esto, se levantó apresuradamente, y fue a encontrarle.
Porque Jesús no había entrado todavía en la aldea, sino que aún estaba en aquel mismo sitio en que Marta le había salido a recibir.
Por eso los judíos que estaban con María, en la casa, y la consolaban, viéndola levantarse de repente, y salir fuera, la siguieron diciendo: Esta va sin duda al sepulcro para llorar allí.
María, pues, habiendo llegado a donde estaba Jesús, viéndole, se postró a sus pies, y le dijo: Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano.
Jesús al verla llorar, y llorar también los judíos que habían venido con ella, se estremeció en su alma, y se conturbó a sí mismo,
y dijo: ¿Dónde le pusisteis? Ven, Señor, le dijeron, y lo verás.
Entonces a Jesús se le arrasaron los ojos en lágrimas.
En vista de lo cual dijeron los judíos: Mirad cómo le amaba.
Mas algunos de ellos dijeron: Pues éste, que abrió los ojos a un ciego de nacimiento, ¿no podía hacer que Lázaro no muriese?
Finalmente, prorrumpiendo Jesús en nuevos sollozos, vino al sepulcro, que era una gruta cerrada con una gran piedra.
Dijo Jesús: Quitad la piedra. Marta, hermana del difunto, le respondió: Señor, mira que ya hiede, pues hace ya cuatro días que está ahí.
Le dijo Jesús: ¿No te he dicho que si creyeres, verás la gloria de Dios?
Quitaron, pues, la piedra; y Jesús levantando los ojos al cielo, dijo: ¡Oh Padre!, gracias te doy porque me has oído: bien es verdad que yo sabía que siempre me oyes; mas lo he dicho por este pueblo que está alrededor de mí, con el fin de que crean que tú eres el que me has enviado.
Dicho esto, gritó con voz muy alta y sonora: Lázaro, sal afuera.
Y al instante el que había muerto salió fuera, ligado de pies y manos con fajas y tapado el rostro con un sudario. Les dijo Jesús: Desatadle, y dejadle ir.
Con eso muchos de los judíos que habían venido a visitar a María y a Marta, y vieron lo que Jesús hizo, creyeron en él.




lunes, 9 de febrero de 2015

Fina Ropa Blanca (Spinetta)

    

    Sí, de nuevo Spinetta. Es demasiado grande y ayer fue el tercer aniversario de su muerte. 

     Lo de Spinetta fue como si me arrancaran un dedo. Me explico: todos tenemos a nuestros favoritos, esos escogidos, imprescindibles, entre los cuales no te pones de acuerdo para ordenarlos por preferencia, y mucho menos te atreves a escoger a un favorito (o sólo durante un tiempo). Son esos artistas que han contribuído a nuestras más grandes emociones y que cuentas con los de dedos de una mano. Pues bien, el Flaco era uno de esos dedos...
     Estos días lo estoy escuchando mucho, y no deliberadamente por la proximidad del aniversario; simplemente me apetecía, o lo necesitaba, como tantas y tantas músicas siempre necesarias...
     
     Vagando entre sus discos, valiéndome del modo aleatorio del ipod, me encontré varias veces con el fabuloso concierto de Vélez, esa exquisita edición de "las bandas eternas" que, vista en perspectiva, parecía toda una despedida en vida del gran Luis Alberto. 
    De entre todas, quise escoger esta de Fina Ropa Blanca, pues entre toda la obra poética del Flaco, yo disfruto especialmente con aquellas letras que son fácilmente entendibles, aunque es cierto que, como dice Fito Páez, la poesía de Spinetta no siempre se entiende "ni falta que le hace". 

     Las palabras escogidas, la metáfora de las velas de un barco "en procura de una brisa", la melodía... Y su forma de cantar. Gracias Flaco, una vez más...






Ella reía con su fina ropa blanca,
despojándose al sol

Como un fantasma que deshollina todo mi cuerpo
Una piedra en el sol

Todos los espejos de su corazón
se quebraron en mi
Todas las mañanas me parecen una
Todo el cielo se fue
y en busca de que
Acaso las sombras huyan

Algo lumínico en su cierre que se abre
Algo inerte y final
Dejando huellas en las sombras y en las calles
Una niebla en el mar

Solo nubes en procura de una brisa
Solo nubes en procura de una brisa
Llevándolas, solo llevándolas
Y acaso las sombras huirán

Todos los espejos de su corazón
se quebraron en mi
Todas las mañanas me parecen solo una
Todo el cielo se fue
y en busca de que
Acaso las sombras huirán

Ella reía con su fina ropa blanca
despojandose al sol
Y yo hago un barco con el molde de su cuerpo
Quiero verlo en el mar
bajo nubes en procura de una brisa
bajo nubes en procura de una brisa

Llevándola, solo llevándola
Y acaso las sombras huirán









“Algunos dirán: ¿cómo resucitan los muertos?, ¿con qué tipo de cuerpo salen? ... Al enterrarse es un cuerpo que se pudre; al resucitar será tal que no puede morir. Al enterrarse es cosa despreciable; al resucitar será glorioso. Lo enterraron inerte, pero resucitará lleno de vigor. Se entierra un cuerpo terrenal, y resucitará espiritual ... Adán por ser terrenal es modelo de los cuerpos terrenales; Cristo que viene del Cielo, es modelo de los celestiales. Y así como nos parecemos ahora al hombre terrenal, al resucitar llevaremos la semejanza del hombre celestial ... cuando nuestro ser mortal se revista de inmortalidad y nuestro ser corruptible se revista de incorruptibilidad” (San Pablo,1a.Cor 15, 35-58).









martes, 16 de septiembre de 2014

El mundo disperso (Spinetta)

   Cuando haya devorado, rumiado y digerido toda la obra de Spinetta, entonces, sólo entonces, comenzaré a leer poesía.
     Sin rencores ni desprecios a todos los Lorca, Alberti, Machado... Es simplemente una cuestión de prioridades; él llegó antes, y tuvo la habilidad de venir bien preparado, pues a sus letras les dio una melodía como vestido de gala,  y una voz tan especial como zapatos de cristal... Y me cautivó.  

    Y no siempre soy consciente de ello, hasta que una tarde cualquiera, como la de ayer, el capricho aleatorio del ipod escoge un tema como éste, y caes en la cuenta de que Luis Alberto intentaba congregar en torno a sí al mundo, ese mundo variado, diverso, en color y en blanco y negro, animado y mortecino... el mundo disperso. El mundo que intenta atraparnos y del que tanto dependemos, el mundo que a veces no queremos que se nos escape y que vamos "atrapando" en imágenes, recuerdos, libros, postales, miniaturas, souvenirs... y Spinetta nos advierte: ¿qué pasa si intentas reunir todos esos recortes... sin amor?  "nada por aquí, nada por allá..."




Una mancha más un pie dan una tierra, una tierra dorada.
 Y un filo en tu esfera intocable dan un clon, es el clon de la nada. 
Sólo prueba, prueba reunir el mundo disperso.
 Sólo prueba, prueba reunirlo...
 Las almas más las horas dan una vida que no puede quedarse.
 Y un deseo más un amanecer pueden dar un igloo, y que a la vez sea cierto.
 Y prueba, prueba reunir el mundo disperso.
 Prueba, prueba reunirlo sin amor...
 Nada por aquí, nada por allá.
 Hoy se han marchado las sirenas.
 Se han ido a las aguas, a las aguas imbebibles.
 No veo la hora de salirme de aquí.
 Tu tacto más la masa estelar dan, por fin, un teatro ilusorio.
 Y un mago y la dulce grieta dan un sombrero en el que zambullirse.
 Y prueba, prueba reunir el mundo disuelto.
 Sólo prueba, prueba reunirlo sin amor... Olvida mis heridas, piedras cerradas que se alejan para siempre...
 Uno sumado a dos son seis, ya que mi dos es doble, y mi uno también.
 Y la belleza más un tren que pasa dan, por fin, un testigo incierto.
 Y prueba, prueba reunir el mundo disperso, sólo prueba, prueba reunir el mundo disuelto, sólo prueba prueba reunirlo, sólo prueba, intenta...

Y entonces reparo en tanta delicadeza, en tanta exquisitez, en lo acertado de la composición y los elementos musicales escogidos.
    Y embriagado, escucho de nuevo su voz...




     Y casi al final, cuando entra la guitarra, cuando grita "la belleza más un tren que pasa" llego a la conclusión de que entre todos ellos, entre mis escogidos, Spinetta es el más grande.

  

      Pero es cierto que a veces nos aferramos al mundo, a las cosas, incluso a las personas y a nosotros mismos, con una aprehensión insana, básicamente por miedo al futuro y, por qué no decirlo, a la muerte o al más allá. Sin embargo...

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.»
Tomás le dice:
-«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino? »
Jesús le responde:
-«Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto.» (Juan 14, 1-12)